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Un cambio de percepción metafísica


Un cambio de percepción metafísica

Estamos ante un cambio de paradigmas similar al de la Revolución Científica – siglo XV – XVIII. En el año 1507 un científico polaco-prusiano llamado Nicolás Copérnico (pisciano), elabora –intuye- su primera hipótesis sobre un sistema astronómico heliocéntrico en el cual la Tierra orbitaba en torno al Sol (en oposición al tradicional sistema tolemaico, en el que los cuerpos celestes tenían como centro nuestro planeta). Un siglo después -en enero 1615-, el astrónomo italiano Galileo Galilei (acuariano) implementa un telescopio de su propia invención para observar las rotaciones planetarias e intentar utilizarlas como pruebas científicas de que la Tierra no era el centro del Universo, obteniendo el rechazo de la comunidad científica.

Desde hace más de 500 años estamos procesando este cambio de paradigma: darnos cuenta de que la Tierra -que la creíamos en inmutable solidez-, en verdad se mueve a altas velocidades por el espacio. Nuestro mundo ya no es un centro fijo sino un planeta viajero.

Hace cinco siglos se lograba este descubrimiento trascendental y a su vez altamente rechazado por la sociedad de entonces. La intuición de algunos seres avanzados se adelantó excesivamente a lo que el resto era capaz de aceptar. Esta transformación tan radical necesita que pasen generaciones enteras para asimilar nuestra realidad móvil. Requiere un cambio de percepción no sólo físico sino también metafísico.

Aún continuamos intentando asimilar esta transformación de la conciencia. Que haya volado por el aire la creencia de que nuestro mundo era el centro del universo, quieto y seguro, tiene consecuencias que aún están en proceso de evolución. Aquello que creíamos una verdad incuestionable era sólo la limitación de lo que la conciencia humana podía percibir hasta el ciclo anterior.

De pronto descubrimos otra cosa, nuestro mundo revela algo más complejo y más rico, que antes no podíamos ver que nos lleva a  un nuevo giro de percepción que nos pide  entendernos como individuos  interconectados con el mundo y el universo. Superar la visión que separa radicalmente al sujeto de los objetos. Vivimos en un mundo que creemos sólido y concreto y sin embargo la realidad física que creemos inalterable no es tan así…  la visión de un mundo material, mecánico y “no influenciable por la energía” ya no puede sostenerse.

Las investigaciones científicas han descubierto que el mundo material no está formado por átomos indivisibles, todas las cosas que tenemos y tocamos no están hechas de “ladrillos sólidos y discriminados” sino por el contrario, las cosas materiales no son  algo muerto y separado del hombre pues están conformadas por átomos que alteran su forma incesantemente entre cuerpo y energía, las cosas materiales se asimilan más a un complejo  tejido de un todo unificado. Nuestro  mundo “físico” – formado por átomo (partícula fundamental de la materia), lejos de estar constituido por corpúsculos duros y cerrados estos átomos poseen un núcleo rodeado de electrones. Estos componentes de los átomos pueden verse – según la forma en que observamos -,  unas veces como cuerpos y otras como ondas. Este doble aspecto – físico y vibratorio- de la materia a nivel subatómico muestra que la realidad física a la que pertenecemos no se parece en nada a un objeto sólido o fijo. Estas partículas además no son independientes unas de otras, ninguna puede separarse del conjunto, la base de la materia del mundo muestra que no puede ser fraccionada ni tener una existencia autónoma.


Los humanos estamos hechos de estos mismos átomos que alteran su forma incesantemente entre cuerpo y energía.  La Tierra y el sistema solar están hechos de esos mismos átomos nacidos hace miles de millones de años en el corazón de las estrellas, nuestro cuerpo físico y el universo son uno solo desde el origen de los tiempos.

Vivimos en un universo de átomos que se recombinan  continuamente. Ya no es posible sostener una mirada fija e inalterable de la existencia, los recientes descubrimientos nos “obligan” a desarrollar una conciencia que percibe una profunda y potente interacción entre el observador y su entorno.

Estas revelaciones nos llevan a  una revolución de paradigmas, poseemos información que aún no logramos terminar de asimilar. Nuestro cerebro logra incorporar sólo un mínimo porcentaje de lo que la ciencia  va descubriendo. Ya se ha comprobado que las cosas no son tan fijas como lo describían siglos atrás las ciencias duras pero nuestra conciencia no logra validar a su entorno como algo físico, energético e interconectado. La información que comienza a revelarse ante nuestros ojos es más potente y transformadora de lo que nuestra mente racional logra aprehender.

Estos avances científicos nos empujan hacia una mirada holística de la vida. Nos llevan a percibir una realidad interconectada, la posibilidad de desarrollar una sabiduría capaz de sentirse parte de un todo, de expresarnos como parte de una gran conciencia humana en interacción con el resto de la naturaleza. Vivir a la Humanidad como una parte del planeta y a la Tierra en resonancia con el Sistema Solar. Entender al “ser” de la Tierra, como porción de un sistema aún más amplio. Esta nueva forma de percepción implica una crisis en nuestra forma de vincularnos con todos los reinos de la naturaleza terrestre y estelar.

La Astrología –lenguaje ancestral llamativamente ignorado en estos tiempos – sugiere un propósito del cielo en sincronía con nuestra vida terrena.  Nos propone reconocernos como seres de una Tierra viajera, sensibles a diferentes momentos del cielo. Comprender al cielo -no desde una mirada de predicciones deterministas- ,  ver en los movimientos planetarios manecillas de reloj donde leer las horas arquetípicas del cosmos. No hay una psique dentro y un cosmos fuera, sino una dinámica integrada donde la astrología va trazando mapas. Cosmos y psique son dos fórmulas de una misma realidad, todo respira al unísono. Hay una dinámica cósmica, una melodía que cada ser reproduce a su estilo, al igual que un buen surfista intuye el movimientos de sus olas, el conocimiento del clima astrológico nos ayuda a surfear con mayor conciencia las marejadas del presente y del futuro.


Autora: Beatriz Leveratto

Fuente: http://beatrizleveratto.com.ar/un-cambio-de-percepcion-metafisica/