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El Cuarto Camino


El Cuarto Camino

“Libertad,  liberación. Esta debe ser la meta del hombre en la tierra. 
Llegar a ser libre, llegar a quedar totalmente libre de toda forma de esclavitud: éste debería ser el motivo de la lucha de todo hombre en cuanto empezara a darse cuenta de su situación. En tanto continúe siendo un esclavo tanto interna como externamente, el hombre no tiene posibilidades. Pero no podrá dejar de ser un esclavo en lo exterior en tanto lo siga siendo interiormente. 
En consecuencia, a fin de llegar a ser libre, el hombre debe conquistar su libertad interior.”

Gurdjieff

Georges Gurdjieff (1872 – 1949) fue un místico, escritor y compositor armenio cuya principal obra fue dar a conocer y transmitir las enseñanzas que recibió en sus viajes por Asia al mundo Occidental. En esos viajes absorbió conocimientos de diversas tradiciones (budismo, sufismo, hinduismo, cristianismo ortodoxo oriental) los cuales fueron expuestos por su alumno Ouspensky en los libros Fragmentos de una enseñanza desconocida y El Cuarto Camino, en los que relata con pluma magistral, sencilla y envolvente, el conocimiento adquirido por su maestro, hasta el momento en el que se distanció finalmente de éste.

Ouspensky trata de transmitirnos que “a menos que la sabiduría de Oriente y la energía de Occidente se unan de forma armoniosa, el mundo como lo conocemos será destruído”. Por eso su maestro dedicó su vida a la tarea de transmitir ese conocimiento en Occidente y elevar el nivel de consciencia de la gente. Esta doctrina es llamada El Cuarto Camino y se basa en la creencia de que el ser humano necesita un procedimiento o sistema para despertar (a través del autoconocimiento, atención consciente y del entorno, movimientos, posturas, danzas y sobre todo “el recuerdo de sí“). 

Para explicar como el ser humano puede conseguir elevar su nivel de consciencia, Gurdjieff presenta tres arquetipos de caminos basados en tipos humanos:

El camino del faquir: 

Es el que busca la conexión con lo espiritualidad y la iluminación por medio del dominio de las sensaciones corporales como dolor, hambre y sed. Incluso llevando las capacidades del cuerpo casi hasta lo sobrehumano para demostrar su control sobre el mismo. A través de este ascetismo, renunciando a las necesidades del cuerpo, se intenta conseguir el dominio de éste sobre el yo. Este es un camino espiritual sin duda para muy pocos, mientras que el Cuarto Camino intenta ser más asequible al modo de vida actual.

El camino del monje: 

Puede suponer un nivel de renuncia sobre el cuerpo pero a unos niveles muy inferiores, lo que sí precisa es de sufrimiento emocional intentando controlar las pasiones y emociones humanas. Así como también apartarse del mundo aunque también en un grado mucho menor que el faquir.

El camino del yogui: 

Integra a ambos ya que requiere dominio de lo físico y de lo emocional, aunque no de una forma tan radical, convirtiéndose en una forma más placentera de buscar la conexión espiritual y la paz interior. La renuncia al mundo se contempla como una opción y no como parte fundamental de esta vía, acercándose más a la filosofía del Cuarto Camino.

El cuarto camino es la vía espiritual alternativa a estos tipos, donde se mezclan armoniosamente los tres y se trabaja sobre todos los aspectos del ser de manera simultánea. La meta del camino es el desarrollo y equilibrio de los tres centros psíquicos más su puesta en funcionamiento armónico y la adquisición de un Centro Magnético desarrollado.

Según indican las escuelas de cuarto camino hoy día, hay un tipo de camino para cada tipo de persona y el sentido es encontrar la parte olvidada de sí mismos; en pocas palabras despertar del sueño, de la mal llamada consciencia de vigilia en la cual se está inmerso, que no es más que otra manera de sueño.

Según los autores que han estudiado la obra de Gurdjeff, entre ellos Ouspensky, sus planteamientos constituyen un conjunto de ideas interrelacionadas muy innovadoras, cuyo principal objetivo es el de producir la evolución consciente en el ser humano.

Nos identificamos con imágenes de nosotros mismos, con sueños, con cada pequeño yo que aparece de forma momentánea en escena, con cada estado de ánimo, con cada emoción, con cada pensamiento, con el sufrimiento, etc… Si estás identificado no te puedes observar a ti mismo. Deberíamos trabajar desde las circunstancias variables de la vida, lidiar con los constantes cambios externos, manteniendo el sentimiento de trabajo y practicando la no identificación en medio de los sucesos y desdichas cotidianos.


Fuente: https://viajealinteriorblog.wordpress.com/2014/10/10/el-cuarto-camino/