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La fábrica de temor


La fábrica de temor

Ahora puedo ver claramente un hecho simple que debe verificarse con la propia observación: la mente es una “fábrica de temor” (el señor Gurdjieff), y ya que me identifico con ella, vivo en el terror. La mente tal es ahora es una herramienta estratégica para distraer al ser esencial, para atrapar la Atención de modo de evitar ver y sentir el horror que es el “mi mismo”. Lo hace con el pensamiento constante, incesante, juzgando y etiquetando todo tanto en el interior, lo que llamo “mi mismo” como en el exterior. La vida del mamífero, la vida tal la conozco en la realidad ordinaria de los mamíferos, la vida que es inconsciente, mecánica, construida casi exclusivamente de distracciones (E. J. Gold). Las distracciones son la trama de la realidad ordinaria. Me toman porque temo ver el horror de mi estado interno real.

La mente es una máquina que generaliza, como dije antes. Porque se le pide que realice una tarea imposible, el control del cuerpo y la vida, y por lo tanto de todas las relaciones, debe generalizar con respecto a todo, creando categorías que permiten reconocer y almacenar fácilmente las impresiones entrantes por asociación, comparación y contraste. Así, hace la cosa más fácil: crea dos grandes categorías integrales de información en las cuales coloca todas las impresiones: gusto-disgusto. O llamémoslas amor-odio, o blanco-negro, o Ajá! Bien-mal. ¿Puedes intuir ahora lo que significa la parábola (o alegoría, o metáfora) bíblica del Jardín del Edén? Tiene el objeto de describir la ley de la identificación y lo que significa para un ser humano cuando se atrapa, cautiva y fascina (identifica) la Atención con el movimiento de la mente, el centro intelectual, el “Árbol del Conocimiento”. Es una advertencia. ¡Cuidado! “Si como del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal” (la mente), seré arrojado fuera del Paraíso (el Jardín, el cuerpo, el presente), y conoceré la vergüenza. Tendré vergüenza de estar desnudo, y me cubriré para ocultar mi desnudez, perderé mi “inocencia orgánica” (Lee Lozowick). Me cubro con distracciones constantes, obsesivas y creando lo que llamo “mi mismo”.

¿Puedes intuir, sin pensar en esto, por qué el recuerdo de sí es una función crucial en la práctica de la auto observación; por qué debe hacerse que participe el cuerpo antes de que pueda observar verdadera y objetivamente? A menos que se corra la Atención de la mente al cuerpo conscientemente, puede haber sólo mentiras. La realidad será distorsionada, y sólo percibirá lo que la mente esté condicionada a ver, mi historia personal y los esquemas que resulten de ella. No puede ser de otro modo. Lo que finalmente revela la auto observación es que lo que conozco y llamo “mi mismo” es un conjunto de recuerdos: mi historia personal, almacenada en la función de la memoria. La computadora mental puede percibir solamente aquello para lo que está programada. Así es, y sólo puede ser así, una mentirosa cuando se le pida que haga más de lo que fue creada para hacer. ¿Qué es eso?

La mente tiene cuatro funciones elementales, las cuales puede realizar de forma muy efectiva:

1- Resolver problemas técnicos en el presente (cómo atarme los zapatos, cómo llegar a casa desde aquí, cómo planear mis actividades diarias).

2- La comunicación con los demás.

3- Recordar.

4- Servir a la Presencia y la Atención.

Entonces, la mente juega una función crítica en el recuerdo de sí: Debo recordar mi práctica con la ayuda de la mente; entonces, es útil. Una vez que recuerda, finalizó su tarea. Ahora debe tomar el control un deseo consciente, desde el Ser, y la Atención debe correrse conscientemente de la mente al cuerpo, donde puede tener lugar la auto observación.


Autor: Red Hawk